En la actualidad uno de los principales problemas en la niñez es la baja tolerancia a la frustración. En nuestro afán como padres de que nuestros hijos sean felices y no sufran, los limitamos al facilitarles las cosas y proveerles todo o casi todo lo que nos piden. Les evitamos que se frustren para que no sufran; sin saber que la frustración es necesaria para crecer y aprender a ser felices con lo que tenemos. Nos facilita el poder adaptarnos a los cambios que se nos presentan. Les quitamos las piedras del camino y con esto les quitamos la oportunidad de aprender a despejar ellos su propio camino. Queremos que ellos no vivan lo que nosotros vivimos olvidándonos que su historia no es la nuestra. Ellos tendrán su propia historia. Este cuento me ha enseñado que es necesario dejarlos crecer, tal vez algunos golpecitos o frustraciones ahora les evitarán grandes golpes en el futuro.
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